Una piel eudérmica, debería contener el tanto por ciento de agua que le permita mantener la elasticidad, flexibilidad, tersura y firmeza, así como la integridad del tegumento. Si este porcentaje disminuye la piel es incapaz de mantener la flexibilidad adecuada, por lo que los movimientos naturales a los que se ve sometida pueden provocar marcas de expresión, pérdida de luminosidad y en casos extremos daños como fisuras.